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MENDAZA; torre de la Iglesia de S. Félix
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En el año 1650, el cantero de Olexua (Olejua) Juan Ajona realizó obras en la pared y el tejado de la antigua iglesia, “para evitar las aguas que venían de la peña”. Al parecer, esta iglesia medieval era de estilo gótico, a juzgar por algunos restos que se han conservado. En 1691 se solicitó licencia para reedificarla, “pues se había venido abajo a causa de las lluvias y de las zanjas abiertas para levantar la nueva torre”.
La actual parroquia de San Félix es fruto de la reconstrucción efectuada por los maestros canteros de Trasmiera Pedro y Domingo Simón, y en sus obras intervinieron los vecinos del pueblo bajo la supervisión del Abad. Durante las mismas, se presentó la dificultad de tener que desmontar el retablo, que era muy antiguo; consultado sobre el asunto el arquitecto estellés Fermín de Ansorena, aconseja dejarlo como está. Finalmente, se realizan otras obras menores, como el coro, las gradas del altar, el púlpito y la torre. La torre se tasará en dos ocasiones, la primera en 16.500 reales, y la segunda (año 1700), realizada por dos peritos a petición de los canteros contratados, en 22.614 reales.
La iglesia es una fábrica barroca, con nave única de tres tramos cubiertos con bóvedas de medio cañón, con lunetos y cabecera cuadrada con bóveda vaída. En los restos de los muros medievales se conserva una ménsula gótica y tres hornacinas, una con bóveda de crucería del siglo XVII; de este mismo siglo es la sacristía, cuya bóveda de nervios dibuja un doble rectángulo, y donde trabajaba el cantero Juan Bautista Berrueta en 1712.
El retablo mayor, dedicado a San Félix, es transición entre plateresco y romanista, en torno a 1570; de su policromía se hizo cargo Lucas de Salazar hacia 1612. También es romanista (de hacia 1600) el retablo de la Virgen de la Gracia, procedente de la ermita de su mismo nombre, que cobija una talla gótica (siglo XIII) de la titular, aunque con tintes románicos en la rigidez del rostro y la geometría de sus ropajes.
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En el año 1650, el cantero de Olexua (Olejua) Juan Ajona realizó obras en la pared y el tejado de la antigua iglesia, “para evitar las aguas que venían de la peña”. Al parecer, esta iglesia medieval era de estilo gótico, a juzgar por algunos restos que se han conservado. En 1691 se solicitó licencia para reedificarla, “pues se había venido abajo a causa de las lluvias y de las zanjas abiertas para levantar la nueva torre”.
La actual parroquia de San Félix es fruto de la reconstrucción efectuada por los maestros canteros de Trasmiera Pedro y Domingo Simón, y en sus obras intervinieron los vecinos del pueblo bajo la supervisión del Abad. Durante las mismas, se presentó la dificultad de tener que desmontar el retablo, que era muy antiguo; consultado sobre el asunto el arquitecto estellés Fermín de Ansorena, aconseja dejarlo como está. Finalmente, se realizan otras obras menores, como el coro, las gradas del altar, el púlpito y la torre. La torre se tasará en dos ocasiones, la primera en 16.500 reales, y la segunda (año 1700), realizada por dos peritos a petición de los canteros contratados, en 22.614 reales.
La iglesia es una fábrica barroca, con nave única de tres tramos cubiertos con bóvedas de medio cañón, con lunetos y cabecera cuadrada con bóveda vaída. En los restos de los muros medievales se conserva una ménsula gótica y tres hornacinas, una con bóveda de crucería del siglo XVII; de este mismo siglo es la sacristía, cuya bóveda de nervios dibuja un doble rectángulo, y donde trabajaba el cantero Juan Bautista Berrueta en 1712.
El retablo mayor, dedicado a San Félix, es transición entre plateresco y romanista, en torno a 1570; de su policromía se hizo cargo Lucas de Salazar hacia 1612. También es romanista (de hacia 1600) el retablo de la Virgen de la Gracia, procedente de la ermita de su mismo nombre, que cobija una talla gótica (siglo XIII) de la titular, aunque con tintes románicos en la rigidez del rostro y la geometría de sus ropajes.