Vegetación ribereña

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"EL GUSTOSADOR" La Isla de Margarita era frecuentemente azotada por fuertes y prolongadas sequías. Durante esas fuertes y prolongadas sequías, los productos de] campo se agotaban totalmente y la gente quedaba a merced de lo que viniera de los Caños del Orinoco y de Costa Firme. Los últimos que quedaban «dando el palo» eran las cabezas de maguey, alguna que otra escuálida «cachapa» de plátano o de ocumo bravo, en los lugares más frescos y las semillas de palma; cosas estas, que mal que bien, también amortiguaban la necesidad, y los pobres cocos, que eran envueltos en sacos y reventados dentro de un pilón, con un solo «manazo» fuerte, para que los muchachos vecinos no se dieran cuenta del golpe y se acercaran a «pedigüeñear». Durante esa época se acentuaban las hambrunas, no sólo por falta de plata sino porque no se encontraba nada que comprar, y era cuando se ponía más en práctica el uso del «gustosador». El fulano «gustosador» no era otra cosa sino un hueso o un manojo de huesos, de res, de chivo, de cochino o de cualquier otro animal comestible, o una cabeza de conejo, que se mantenía en la casa con mucho celo para darle gusto a lo poco que conseguían para cocinar y calentarse el estómago. El «gustosador» lo mantenían en la cocina, amarrado a la punta de una cabuyera de palma, de pita o de hilo, que pasaban por sobre una de las varas del techo de modo que pudiera subir y bajar con facilidad derechito a la cazuela, cuando lo manipularan, y después de hervido bastante con lo que estaba dentro de la olla y darle un ligero gustico al caldo que en muchos casos y por el tanto uso, dicho gustico ya no era sino imaginario o caprichoso, volverlo a levantar de modo que el humo contribuyera a conservarlo sin descomposición. El «gustosador», es decir, el «hueso sube y baja», que mantenían pendiente entre el techo y el fogón, con una totuma redonda o peco boca abajo y ajustado con dos nudos a la cuerda guiadora, para evitar la bajada de ratones, cucarachas y cualquier otra clase de animales dañinos, fue muy útil o una salvación misma en los tiempos de hambruna en la Isla de Margarita.. Las familias menos pudientes, hasta lo mandaban a pedir prestado y las que lo poseían con muchísimo gusto lo cedían, con la única condición que se lo trataran bien y se lo devolvieran cuanto antes sano y salvo. Después que la situación económica de la Isla fue cambiando. Después que se empezaron a abrir los campos petroleros. Después que a los barcos les fueron adaptando motores. Después que fue entrando a la Isla de Margarita mayor cantidad de comestibles, fue desapareciendo el bendito «gustosador», al extremo que ya nadie o casi nadie lo conoce y muchos no quieren ni acordarse de él y ni siquiera que se lo mienten. Pero de que el «gustosador» o los «gustosadores», existieron en la Isla de Margarita existieron. Los últimos se los echaron a los perros, que pasaron el tiempo desesperados, dándoles lengua y dientes sin encontrarles nada que les pudiera consolar. (Usos y costumbres tradicionales en Margarita)

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Comments (1)

pepe oliva on November 8, 2011

Cousa curiosa.Xa dirás. Saúdos.

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  • Uploaded on November 8, 2011
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