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Viejas acacias.Cuántas veces nos vieron en loca bajada suicida, la bicicleta sin frenos. Las delicias del Tajo esperándonos en la hierba de La Pradera. Era el Tajo que antaño calmaba nuestra sed y refrescaba la piel bruñida de sol, se disolvía el río en nosotros.
Las canciones, los deseos y las risas. Todo el verano, un eterno verano, cada mañana el río, el olmo gigante,las junqueras, los sándalos nos esperaban.
Y luego, la vuelta, la subida cruel bajo un sol de plomo que intentaban tapar las acacias. Un subir con jadeos y rodillas quemadas. Un racimo de amistad que volvería al día siguiente puntual, en loca bajada suicida.
Saludos.
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Viejas acacias.Cuántas veces nos vieron en loca bajada suicida, la bicicleta sin frenos. Las delicias del Tajo esperándonos en la hierba de La Pradera. Era el Tajo que antaño calmaba nuestra sed y refrescaba la piel bruñida de sol, se disolvía el río en nosotros.
Las canciones, los deseos y las risas. Todo el verano, un eterno verano, cada mañana el río, el olmo gigante,las junqueras, los sándalos nos esperaban.
Y luego, la vuelta, la subida cruel bajo un sol de plomo que intentaban tapar las acacias. Un subir con jadeos y rodillas quemadas. Un racimo de amistad que volvería al día siguiente puntual, en loca bajada suicida. Saludos.