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Real Monasterio de Santa María de Guadalupe

Su historia se remonta a 1389, cuando el rey Juan I de Castilla otorgó un privilegio por el cual entregaba a la Orden de San Jerónimo la iglesia del santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, lugar en el que, según la leyenda, había sido hallada una imagen de la Virgen a finales del siglo XIII o principios del siglo XIV, por un campesino de nombre Gil Cordero. La imagen habría estado siglos atrás junto al cuerpo de San Lucas, expuesta en Roma y en Sevilla, hasta que en 714, en plena invasión musulmana de la Península Ibérica, la imagen fue escondida junto al río Guadalupe, que quiere decir "río escondido", donde permaneció hasta su descubrimiento por Gil Cordero. En 1464, el rey Enrique IV de Castilla llevó al monasterio de Guadalupe a su hermanastra, la infanta Isabel, con la intención de acordar su boda con Alfonso V de Portugal. La infanta rechazó al pretendiente portugués, pero, en cambio, queda prendada de la belleza del monasterio. A partir de ese momento, ella denominó a este recinto "mi paraíso" y allí acudió siempre que necesitaba ser reconfortada por la Virgen de Guadalupe o para darle gracias por algún triunfo. Desde entonces, Isabel la Católica visitó en varias ocasiones el monasterio: En 1477, en agradecimiento por haber vencido en la batalla de Toro. Se realizó además un solemne funeral, presidido por Alonso Carrillo de Acuña, arzobispo de Toledo, en memoria del rey fallecido, Enrique IV de Castilla, a quien se le realizó un mausoleo que concluyó en 1485 y que fue labrado por el escultor Enrique Egas. Cristóbal Colón, durante la Semana Santa de 1486, acudió a este lugar, acompañando a la Corte de los Reyes Católicos, para insistir en que le financiaran el viaje a las Indias, y quedó impresionado por la devoción de la reina.1 En 1492, la reina Isabel la Católica acudió al monasterio para dar las gracias por la rendición de Granada. Desde aquí, se dictaron dos cartas dirigidas al alcaide de Palos de la Frontera, con la orden de hacer entrega de dos carabelas a Colón, quien durante su primera expedición se encomendó a la Virgen de Guadalupe y le dio este nombre a una isla del Caribe. Tras lograr realizar su primera expedición a América, regresó al monasterio en señal de agradecimiento y allí fueron bautizados dos indígenas que él había traído de los territorios recién descubiertos. El testamento original de Isabel la Católica se conservaba en el monasterio de Guadalupe. Una copia fue enviada al monasterio de Santa Isabel la Real de Granada, y otra fue enviada a la Catedral de Toledo, aunque desde 1575 pasó a pertenecer al Archivo General de Simancas, creado por Carlos V.

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Photo details

  • Uploaded on March 25, 2012
  • © All Rights Reserved
    by M Vargas
    • Camera: NIKON CORPORATION NIKON D300
    • Taken on 2011/01/15 12:45:38
    • Exposure: 1.300s
    • Focal Length: 11.00mm
    • F/Stop: f/2.800
    • ISO Speed: ISO200
    • Exposure Bias: 1.00 EV
    • No flash