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* Hubo Tiempos Mejores Para Estos Dos

Hospedarse en el Trotcha

Ledys Camacho y Manuel González Bello

 El Cerro y la parte de la ciudad ahora nombrada Habana Vieja, ya no eran

de total contento para la burguesía de las últimas dos décadas del pasado siglo. Ya sus miradas se fijaban en otras partes de la naciente urbe, entre ellas el Vedado, zona prohibida entonces a los pobres. Los grandes comerciantes y adinerados emigraban hacia el entonces sereno y calmo Vedado, todavía sin muro del Malecón y abundante en terrenos casi vírgenes. Uno de los atraídos por el reino de la paz fue el catalán Buenaventura Trotcha Fornaguera, quien adquirió una porción de los terrenos del Conde de Pozos Dulces con el propósito de construirse una lujosa vivienda próxima al mar. Eran tiempos de guerra de cubanos contra la metrópoli española, pero Trotcha, que había venido de Cataluña con el confeso objetivo de hacerse de una fortuna y encontrar tranquilidad, sólo pensaba en sus negocios. El sitio escogido por el catalán se ubicó en el tramo que hoy corresponde a Calzada entre Paseo y 2. Allí se hizo construir una residencia. Trotcha contrató a prestigiosos arquitectos e ingenieros de la época, y a medida que la obra avanzaba, al caer la tarde invitaba a sus amigos a contemplarla, en compañía de botellas de vino que descorchaban a la sombra de los árboles y arbustos. -Será la edificación más bella y atrayente de La Habana- le decía su coterráneo René León, que no dejaba de adular a su amigo para hacerle olvidar una deuda contraída una década atrás. Cuentan que Trotcha se obsesionó con la residencia que construía, a tal extremo que se le veía solitario dibujando en un papel cada pared que se levantaba, y que en los barcos que zarpaban del puerto inevitablemente iban cartas del catalán, en las que prodigaba elogios a su futura residencia. Al fin, en 1886 quedó inaugurada. Pero el comerciante no se conformó con la tranquilidad personal. Quiso sacar provecho a su propia casa y compartir con otros una pasión que lo acompañó hasta el último día de su existencia: la buena mesa. Comidas españolas, criollas y francesas, acompañadas de los mejores vinos, eran el regocijo mayor del catalán. Por eso ordenó acondicionar algunos salones y jardines como adorables sitios de estar,
y en ese paraíso encontró aposento la Sociedad del Vedado, fundada por él.
Por toda la ciudad corría la noticia: las mejores comidas de La Habana se podían degustar en el nuevo local. Buenaventura Trotcha no se dormía como comerciante. Pronto tuvo una nueva idea: habilitó en la planta alta varias habitaciones para aquellos que quisieran prolongar su bienestar más allá de la tarde. Con el aumento de la demanda, en 1902 le añadió nuevas habitaciones al edificio original, y le llamó Hotel Edén. Pero tampoco era suficiente, y el catalán, embullado con su negocio, años después hizo levantar otra edificación.

Leyendas de un hotel

 Los lectores más jóvenes no saben con exactitud de qué edificación

se está hablando. Pero se trata de las ruinas que hoy día existen en Calzada entre 2 y Paseo, y que siempre se conoció como hotel Trotcha. Durante la primera mitad de este siglo, el Trotcha fue uno de los atractivos habaneros. Al encanto de la edificación, donde se combinaban distintos estilos, se añadía el encanto de los jardines. La brisa del mar, antes de que se interpusieran los edificios y casas más próximos al Malecón, completaban la mayoría. La historia del Trotcha todavía está por escribir. Pero mientras, con el paso de los años han ido surgiendo leyendas que algo deben tener de verdadero. Se dice que allí se hospedó el poeta nicaragüense Rubén Darío, aunque otros afirman que sólo visitó el hotel. De Mazzantini, el famoso torero, se cuenta que vivió en el Trotcha un idilio amoroso con la no menos famosa actriz Sarah Bernhardt. Otras versiones ponen como escenario del romance al hotel Petit, próximo a La Chorrera. Pero más allá de las leyendas, lo cierto es que el Trotcha albergó a personalidades importantes y dio brillo al Vedado. Luego llegó el implacable tiempo, y el hotel, que había devenido edificio de vivienda, se fue destruyendo poco a poco, a lo que contribuyó un incendio. Hoy día apenas quedan ruinas. Pero de esas ruinas surgirá un hotel cuatro estrellas de 200 habitaciones, de acuerdo con un proyecto que ejecutarán la entidad Arquitel S.A., con sede en Panamá, y la corporación Cubanacán (aquí nos entrometemos nosotros: es decir, el Trotcha estará, pero no estará). El propósito es conseguir un diseño original y moderno sin violar el estilo de las ruinas. Bueno sería que alcanzara el máximo esplendor, pues próximo tiene al majestuoso hotel Cohiba, que por su ubicación ya restó esplendor a su vecino Riviera. El renovado Trotcha ha de correr mejor suerte (nos volvemos a entrometer: lo de "mejor suerte" se refiere al hotel y a los afortunados turistas que hospede). El Trotcha, que nació a fines del siglo XIX, resurgirá a principios del siglo XXI. Entonces volverá a ser escenario de hechos verdaderos y de leyendas.

Juventud Rebelde, 13 de agosto de 1999

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Photo details

  • Uploaded on August 16, 2012
  • © All Rights Reserved
    by Jesus MB
    • Camera: Canon EOS 450D
    • Taken on 2012/06/23 18:09:00
    • Exposure: 0.010s (1/100)
    • Focal Length: 20.00mm
    • F/Stop: f/8.000
    • ISO Speed: ISO100
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