Las ruinas de la antigua ciudad de Éfeso se encuentran a la misma altura en importancia que su vecina Pérgamo. Allí aún se encuentra en pie la bellísima fachada de la biblioteca de Celso. Tiberio Julio Aquila mandó construirla, en el año 135 después de Cristo, en honor de su padre, Tiberio Julio Celso, gobernador general de la provincia de Asia. El paramento exterior del edificio permanece casi intacto. Es como un gran decorado. Engaña a la vista haciéndonos suponer que, tras ella, hay algo más. Desgraciadamente, a sus espaldas se alza el impresionante vacío. Ascendemos al interior a través de nueve escalones. En el frontispicio hay cuatro nichos que alojan, todavía, a las cuatro estatuas que simbolizan la sabiduría, la virtud, la ciencia y la fortuna.
La tumba de Celso se encuentra en la parte posterior de la biblioteca. Llego al hipogeo descendiendo por unos escalones que surgen a mano derecha. Luego atravieso un angosto y tortuoso corredor de casi veinte metros de largo. De repente, el mármol blanco del sarcófago me deslumbra. Está cuidadosamente decorado con serpientes y otras varias representaciones de Eros, Niké y Medusa.
Pocas emociones tan profundas e indescriptibles como las que sentí frente a la fachada de la biblioteca de Celso. Sentado en las gradas de acceso, me imagino ser uno de aquellos asiduos usuarios. Ahora entablo una amena charla con un grupo de muchachos y muchachas que han sido abandonados, temporalmente, por los padres. Son quinceañeros. Han encontrado acomodo en las escaleras de la biblioteca y mientras los progenitores reanudan la visita, ellos se divierten jugando con los ordenadores portátiles. "¿No os interesa esta visita?", les digo yo. "¡No!", responden todos al unísono. Y añade una chica que contempla cómo juegan los demás: "Demasiadas piedras. Todo es igual. Estamos cansados". "¿No os emociona pisar las mismas losas que otros caminaron hace tantos siglos", insisto. "¡En absoluto!", vuelve a replicarme la muchacha, que, como sus compañeros, ni siquiera ha tenido la delicadeza de mirarme a la cara. En el mismo lugar donde se leían los rollos y los pergaminos, ahora campan estas máquinas infernales que les roban el alma a estos muchachos. Yo me doy por vencido y continúo mi andadura. ¿Somos los últimos que aún nos sentimos vinculados con el pasado?
Por los ventanales abiertos del primer piso de la biblioteca de Celso se colaba el azul, añil, radiante del día. Luego volví a subir y bajar lentamente por la Vía de los Curetos. La Virgen María y san Pablo la recorrieron muchas veces. El de Tarso fue un extraordinario escritor, pero también, curiosamente, uno de los más grandes pirómanos de libros. Había que destruir la literatura pagana para introducir el cristianismo. El pueblo de Éfeso se sublevó contra él y lo expulsó de la ciudad. San Pablo llevaba viviendo allí desde hacia varios años. El enfrentamiento con el paganismo costó numerosas víctimas. San Pablo tuvo un gran conflicto con el joyero Demetrio. El artesano fabricaba imágenes de la omnipotente diosa Artemisa. El cristiano las destruía y clamaba contra ellas. Esa actitud le provocó una gran animadversión.
También en la antigua Éfeso residió san Juan. Cuidó de la Virgen y murió allí después de redactar parte del Nuevo Testamento. Desde el mar, los marineros que alcanzaban la costa de esta parte occidental de la península de Anatolia contemplaban las columnas del templo de Artemisa y las empinadas gradas del teatro. El río Kücük Menderes, el antiguo Caistro, desemboca en el mar Egeo. Éfeso estaba situada en el cruce entre Mileto y Jonia. Era el punto de encuentro entre Oriente y Occidente. De aquí surgieron Heráclito y Tales. La ciudad fue, a lo largo de su riquísima historia, ateniense, espartana, alejandrina, persa, helenística, bizantina, egipcia, siria, turca...
Una de las siete maravillas del mundo antiguo, el templo de Artemisa, fue destruido numerosas veces. Una de ellas lo incendió Herostratus. No tenía más motivo que recrearse en sus llamas y obtener fama por este desatino. ¿Por qué permanentemente repetimos su nombre y no lo borramos para siempre de la historia? Que se conserve el nombre de un destructor y tengamos en el olvido a los de otros grandes hombres y sus obras me parece de una injusticia manifiesta. Plinio, en su tiempo, aseguró que el templo había sido saqueado hasta siete veces.
Mientras estoy tomando notas, me encuentro justo frente a lo que queda de él: tan solo una zanja llena de agua, rodeada por cientos de esquirlas de cascotes. Una adelgazada columna alzada como un esquelético mojón apenas mantiene un imposible equilibrio. Una gran charca de ranas es hoy el templo de Artemisa. Cuando las oigo croar, escucho los lamentos de la diosa destronada. Mis ojos al contemplar estas tierras movedizas también se encharcan. "Tememos a todas las cosas como mortales y deseamos todas las cosas como si fuéramos inmortales", escribe La Rochefoucauld en las Máximas póstumas.
San Juan cumplió estrictamente con el mandato de Jesús: cuidar a su madre. Antes de habitar en Éfeso estuvo desterrado en Patmos. Allí escribió el Apocalipsis. La iglesia y la cripta están dentro de un recinto amurallado. Entre el templo de Artemisa y la tumba de san Juan se levantó la mezquita de Isa Bey (siglo XIV). La casa de la Virgen María se encuentra cercana al monte Panayakapulu, próxima a la colina de Solmissos, la actual Aladag, por donde transcurría la procesión de Artemisa. También existe una iglesia, en honor de la madre de Dios, al norte del gimnasio del puerto. ¿Dónde se quedó dormida para la eternidad? ¿Dónde ascendió a los cielos? ¿Fue en Éfeso o en Jerusalén? En esta última ciudad hay una iglesia dedicada a conmemorar este suceso. La memoria de la antigua Éfeso está tirada a su suerte por los suelos: pilares, arquitrabes, esculturas... Una escultura de la diosa de la Victoria (Nike): alada, volando, con una corona de laurel en la mano izquierda y un tallo de trigo en la derecha, de época romana, está irremisiblemente a la intemperie.
Bibliotecas, bibliotecas. He visto cientos de ellas. Antiguas y modernas. Públicas y privadas. Un pueblo sin obra escrita apenas podrá sostener su lengua y su cultura. Los egipcios se dieron cuenta muy pronto. En el papiro egipcio Chester Beatty se dice que el libro es el medio más seguro para alcanzar la inmortalidad. La literatura pervive más que la piedra, "más valioso es un libro que una estela con su inscripción, / que la cámara funeraria bien puesta. / Esos libros son como tumba y pirámide / en la conservación de sus nombres...". De este modo hicieron herederos a sus libros.
Boa noite cidadão deste pais voses são um pôvo previlegiado porque o pais de voses e muinto bonito Deus griu um lugar muinto bonito para voses morar eu adorei meus parabens uma boa noite atodos.
El mismo arquitecto que actúa en el Hephaistheion, un ateniense influido por Iktinos, es el responsable del templo de Poseidón en el cabo de Sounion, el extremo más meridional de Atica y su última proyección en el Egeo. El lugar es ideal para la epifanía del dios de las fuerzas marinas, domeñador de las olas y del viento, y para servir de reclamo resplandeciente al imperialismo ático, dentro del plan constructivo ideado por Pericles. El templo es hexástilo y las columnas formadas por tambores de mármol blanco son tan delgadas, que no se vuelven a ver así hasta la arquitectura jónica del siglo IV. El interés por el espacio, patente en la estructura y proporciones de la cella, demuestra una vez más la influencia ejercida por Iktinos.
PASCUAL's conversations
Las ruinas de la antigua ciudad de Éfeso se encuentran a la misma altura en importancia que su vecina Pérgamo. Allí aún se encuentra en pie la bellísima fachada de la biblioteca de Celso. Tiberio Julio Aquila mandó construirla, en el año 135 después de Cristo, en honor de su padre, Tiberio Julio Celso, gobernador general de la provincia de Asia. El paramento exterior del edificio permanece casi intacto. Es como un gran decorado. Engaña a la vista haciéndonos suponer que, tras ella, hay algo más. Desgraciadamente, a sus espaldas se alza el impresionante vacío. Ascendemos al interior a través de nueve escalones. En el frontispicio hay cuatro nichos que alojan, todavía, a las cuatro estatuas que simbolizan la sabiduría, la virtud, la ciencia y la fortuna.
La tumba de Celso se encuentra en la parte posterior de la biblioteca. Llego al hipogeo descendiendo por unos escalones que surgen a mano derecha. Luego atravieso un angosto y tortuoso corredor de casi veinte metros de largo. De repente, el mármol blanco del sarcófago me deslumbra. Está cuidadosamente decorado con serpientes y otras varias representaciones de Eros, Niké y Medusa.
Pocas emociones tan profundas e indescriptibles como las que sentí frente a la fachada de la biblioteca de Celso. Sentado en las gradas de acceso, me imagino ser uno de aquellos asiduos usuarios. Ahora entablo una amena charla con un grupo de muchachos y muchachas que han sido abandonados, temporalmente, por los padres. Son quinceañeros. Han encontrado acomodo en las escaleras de la biblioteca y mientras los progenitores reanudan la visita, ellos se divierten jugando con los ordenadores portátiles. "¿No os interesa esta visita?", les digo yo. "¡No!", responden todos al unísono. Y añade una chica que contempla cómo juegan los demás: "Demasiadas piedras. Todo es igual. Estamos cansados". "¿No os emociona pisar las mismas losas que otros caminaron hace tantos siglos", insisto. "¡En absoluto!", vuelve a replicarme la muchacha, que, como sus compañeros, ni siquiera ha tenido la delicadeza de mirarme a la cara. En el mismo lugar donde se leían los rollos y los pergaminos, ahora campan estas máquinas infernales que les roban el alma a estos muchachos. Yo me doy por vencido y continúo mi andadura. ¿Somos los últimos que aún nos sentimos vinculados con el pasado?
Por los ventanales abiertos del primer piso de la biblioteca de Celso se colaba el azul, añil, radiante del día. Luego volví a subir y bajar lentamente por la Vía de los Curetos. La Virgen María y san Pablo la recorrieron muchas veces. El de Tarso fue un extraordinario escritor, pero también, curiosamente, uno de los más grandes pirómanos de libros. Había que destruir la literatura pagana para introducir el cristianismo. El pueblo de Éfeso se sublevó contra él y lo expulsó de la ciudad. San Pablo llevaba viviendo allí desde hacia varios años. El enfrentamiento con el paganismo costó numerosas víctimas. San Pablo tuvo un gran conflicto con el joyero Demetrio. El artesano fabricaba imágenes de la omnipotente diosa Artemisa. El cristiano las destruía y clamaba contra ellas. Esa actitud le provocó una gran animadversión.
También en la antigua Éfeso residió san Juan. Cuidó de la Virgen y murió allí después de redactar parte del Nuevo Testamento. Desde el mar, los marineros que alcanzaban la costa de esta parte occidental de la península de Anatolia contemplaban las columnas del templo de Artemisa y las empinadas gradas del teatro. El río Kücük Menderes, el antiguo Caistro, desemboca en el mar Egeo. Éfeso estaba situada en el cruce entre Mileto y Jonia. Era el punto de encuentro entre Oriente y Occidente. De aquí surgieron Heráclito y Tales. La ciudad fue, a lo largo de su riquísima historia, ateniense, espartana, alejandrina, persa, helenística, bizantina, egipcia, siria, turca...
Una de las siete maravillas del mundo antiguo, el templo de Artemisa, fue destruido numerosas veces. Una de ellas lo incendió Herostratus. No tenía más motivo que recrearse en sus llamas y obtener fama por este desatino. ¿Por qué permanentemente repetimos su nombre y no lo borramos para siempre de la historia? Que se conserve el nombre de un destructor y tengamos en el olvido a los de otros grandes hombres y sus obras me parece de una injusticia manifiesta. Plinio, en su tiempo, aseguró que el templo había sido saqueado hasta siete veces.
Mientras estoy tomando notas, me encuentro justo frente a lo que queda de él: tan solo una zanja llena de agua, rodeada por cientos de esquirlas de cascotes. Una adelgazada columna alzada como un esquelético mojón apenas mantiene un imposible equilibrio. Una gran charca de ranas es hoy el templo de Artemisa. Cuando las oigo croar, escucho los lamentos de la diosa destronada. Mis ojos al contemplar estas tierras movedizas también se encharcan. "Tememos a todas las cosas como mortales y deseamos todas las cosas como si fuéramos inmortales", escribe La Rochefoucauld en las Máximas póstumas.
San Juan cumplió estrictamente con el mandato de Jesús: cuidar a su madre. Antes de habitar en Éfeso estuvo desterrado en Patmos. Allí escribió el Apocalipsis. La iglesia y la cripta están dentro de un recinto amurallado. Entre el templo de Artemisa y la tumba de san Juan se levantó la mezquita de Isa Bey (siglo XIV). La casa de la Virgen María se encuentra cercana al monte Panayakapulu, próxima a la colina de Solmissos, la actual Aladag, por donde transcurría la procesión de Artemisa. También existe una iglesia, en honor de la madre de Dios, al norte del gimnasio del puerto. ¿Dónde se quedó dormida para la eternidad? ¿Dónde ascendió a los cielos? ¿Fue en Éfeso o en Jerusalén? En esta última ciudad hay una iglesia dedicada a conmemorar este suceso. La memoria de la antigua Éfeso está tirada a su suerte por los suelos: pilares, arquitrabes, esculturas... Una escultura de la diosa de la Victoria (Nike): alada, volando, con una corona de laurel en la mano izquierda y un tallo de trigo en la derecha, de época romana, está irremisiblemente a la intemperie.
Bibliotecas, bibliotecas. He visto cientos de ellas. Antiguas y modernas. Públicas y privadas. Un pueblo sin obra escrita apenas podrá sostener su lengua y su cultura. Los egipcios se dieron cuenta muy pronto. En el papiro egipcio Chester Beatty se dice que el libro es el medio más seguro para alcanzar la inmortalidad. La literatura pervive más que la piedra, "más valioso es un libro que una estela con su inscripción, / que la cámara funeraria bien puesta. / Esos libros son como tumba y pirámide / en la conservación de sus nombres...". De este modo hicieron herederos a sus libros.
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this is a woman older from acropolis
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Nice picture, greetings from germany!!!
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Boa noite cidadão deste pais voses são um pôvo previlegiado porque o pais de voses e muinto bonito Deus griu um lugar muinto bonito para voses morar eu adorei meus parabens uma boa noite atodos.
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ΤΕΛΕΙΑ.ΠΩΣ ΜΠΟΡΩ ΝΑ ΒΡΙΣΚΩ ΜΙΑ ΟΔΟ;
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El mismo arquitecto que actúa en el Hephaistheion, un ateniense influido por Iktinos, es el responsable del templo de Poseidón en el cabo de Sounion, el extremo más meridional de Atica y su última proyección en el Egeo. El lugar es ideal para la epifanía del dios de las fuerzas marinas, domeñador de las olas y del viento, y para servir de reclamo resplandeciente al imperialismo ático, dentro del plan constructivo ideado por Pericles. El templo es hexástilo y las columnas formadas por tambores de mármol blanco son tan delgadas, que no se vuelven a ver así hasta la arquitectura jónica del siglo IV. El interés por el espacio, patente en la estructura y proporciones de la cella, demuestra una vez más la influencia ejercida por Iktinos.
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