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En lo alto de los acantilados de Hendaya, dominando la bahía de Txingudi, se alza un castillo que parece sacado de un cuento de hadas. Un lugar de ambiente mágico que guarda entre sus paredes incontables tesoros artísticos y científicos. Este castillo atípico, construido para albergar ciencia y no para hacer la guerra, fue el sueño de un hombre, asimismo, atípico. Antoine dŽAbbadie, cuya biografía daría para varios libros, era hijo de un suletino y de una noble irlandesa y su infancia transcurrió entre Irlanda y Francia. Durante la mayor parte de su juventud recorrió Abisinia (la actual Etiopía), donde creyó haber encontrado las fuentes del Nilo blanco. Miembro de la Sociedad de Geografía francesa, a su mano se deben los primeros mapas de esa zona de Africa en la que vivió 10 años. Ya en su madurez colaboró en el diseño del castillo que lleva su nombre, al que dotó de un observatorio astronómico que ha estado en uso hasta no hace mucho tiempo y de todo tipo de aparatos científicos, entre ellos un medidor de terremotos. La biblioteca, única en su género, alberga numerosas obras científicas y literarias. Antoine DŽAbadie dominaba varios idiomas, entre ellos el euskera, y todos ellos aparecen en las inscripciones dejadas para la posteridad en paredes, vigas, incluso en el mobiliario. Las habitaciones, ricamente decoradas, conservan objetos de sus viajes por África y hábitos importados, como el hecho de que el salón cuente con un recogido fumadero disimulado tras unos paneles. Cada sala tiene su ambiente y todo el castillo en su conjunto asegura una visita llena de sorpresas. Tras su reciente renovación, además, las pinturas murales y las telas que tapizan las paredes lucen en todo su esplendor.
Mire Tasnoise, esto por ejemplo si que es politiqueo.
Porque no es verdad que todos los vascos quieran que se haga realidad, si no ya no seria realidad. No?
A mano derecha de la fotografía (no se puede apreciar), se accede a la calle Cuchillería. Los nombres de las calles de la Almendra Medieval denotan la actividad principal que en cada una de las calles se ejercía. Nombres como cuchillería, herrería, zapatería, correría, etc son claros ejemplos de ello.
Muy buena foto Rober
Buena foto, sobre todo destaca el cielo y esas nubes tan bellas. Por cierto que parece que te gustan esas torres de Salburua, ya que veo que tienes otra foto donde aparecen las mismas. Yo el otro día fui a dar un paseo por Salburua y saqué también esas torres y el paseo de Juan Carlos I. Un saludo.
Museo Provincial de Bellas Artes en el Paseo Fray Francisco de Vitoria, enfrente del Palacio de Ajuria Enea, residendencia del Lehendakari del País Vasco.
Roberto Hernáez's conversations
Superbe photo, j'aime beaucoup le flou des bateaux.
Goiz-goizean, eguraldiak laguntzen duenean, zer plazerra den Hendaiako hondartzatik paseutxo bat ematea, itsasoko uretan sartu baino lehen!!
Datorren udara arte Hendaia!
En lo alto de los acantilados de Hendaya, dominando la bahía de Txingudi, se alza un castillo que parece sacado de un cuento de hadas. Un lugar de ambiente mágico que guarda entre sus paredes incontables tesoros artísticos y científicos. Este castillo atípico, construido para albergar ciencia y no para hacer la guerra, fue el sueño de un hombre, asimismo, atípico. Antoine dŽAbbadie, cuya biografía daría para varios libros, era hijo de un suletino y de una noble irlandesa y su infancia transcurrió entre Irlanda y Francia. Durante la mayor parte de su juventud recorrió Abisinia (la actual Etiopía), donde creyó haber encontrado las fuentes del Nilo blanco. Miembro de la Sociedad de Geografía francesa, a su mano se deben los primeros mapas de esa zona de Africa en la que vivió 10 años. Ya en su madurez colaboró en el diseño del castillo que lleva su nombre, al que dotó de un observatorio astronómico que ha estado en uso hasta no hace mucho tiempo y de todo tipo de aparatos científicos, entre ellos un medidor de terremotos. La biblioteca, única en su género, alberga numerosas obras científicas y literarias. Antoine DŽAbadie dominaba varios idiomas, entre ellos el euskera, y todos ellos aparecen en las inscripciones dejadas para la posteridad en paredes, vigas, incluso en el mobiliario. Las habitaciones, ricamente decoradas, conservan objetos de sus viajes por África y hábitos importados, como el hecho de que el salón cuente con un recogido fumadero disimulado tras unos paneles. Cada sala tiene su ambiente y todo el castillo en su conjunto asegura una visita llena de sorpresas. Tras su reciente renovación, además, las pinturas murales y las telas que tapizan las paredes lucen en todo su esplendor.
bonito
Mire Tasnoise, esto por ejemplo si que es politiqueo. Porque no es verdad que todos los vascos quieran que se haga realidad, si no ya no seria realidad. No?
A mano derecha de la fotografía (no se puede apreciar), se accede a la calle Cuchillería. Los nombres de las calles de la Almendra Medieval denotan la actividad principal que en cada una de las calles se ejercía. Nombres como cuchillería, herrería, zapatería, correría, etc son claros ejemplos de ello. Muy buena foto Rober
Hola Inigof:
Buena foto, sobre todo destaca el cielo y esas nubes tan bellas. Por cierto que parece que te gustan esas torres de Salburua, ya que veo que tienes otra foto donde aparecen las mismas. Yo el otro día fui a dar un paseo por Salburua y saqué también esas torres y el paseo de Juan Carlos I. Un saludo.
Museo Provincial de Bellas Artes en el Paseo Fray Francisco de Vitoria, enfrente del Palacio de Ajuria Enea, residendencia del Lehendakari del País Vasco.